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Lucy, Hong Kong y el juego de suma cero

Tenía mucho que no hablaba con Lucy, mi amiga originaria de Hong Kong; regularmente lo hacíamos y abordábamos múltiples temas, pero en esta ocasión no fue así. Bueno quizá sí, aunque parcialmente. Después de los intercambios de saludos y de chatear sobre nuestros puntos de vista en torno al COVID-19, surgió la pregunta obligada de mi parte sobre todo lo que está pasando en ese lugar: Lucy, ¿cómo ves la nueva ley de Hong Kong?, ¿qué piensas de ella? Para mi sorpresa, su respuesta fue fulminante:


“I don't think we should discuss this issue. Every country has different educational level because the facts reported by western media and Chinese media are different. As a Hong Kong native, I think this national security law is very good, but some western countries don't recognize it, so I don't think it is necessary to discuss political topics between us… We should not discuss this topic in depth. Every citizen wants to make his country and region better. We should stop talking about it now.”


Foto por The Wall Street Jornal


En términos generales, Lucy me dejó ver, entre líneas, que no era buena idea abordar este tema dada la falta de conocimiento por parte de Occidente de la nueva ley para Hong Kong abogando por la autodeterminación y el derecho de cada país o pueblo a mejorar. De alguna manera, no solo se estaba protegiendo, también buscaba protegerme a mi partiendo del hecho de que regularmente viajo a ese país por motivos académicos.


Entendí perfectamente a Lucy. Dejé el tema a un lado y proseguí la conversación virtual con puras generalidades y lugares comunes. Empero, en el contexto de seguridad que seguramente viven la mayoría de los hongkoneses, dudo mucho que las palabras de Lucy fueran reales. De hecho, fue una forma inteligente de evitar que los servicios chinos de inteligencia digital comenzaran a seguirla o monitorearla. No quiso levantar sospechas de su posible disidencia. Este es, de hecho, un ejemplo de los efectos inmediatos de la nueva ley de seguridad en los ciudadanos de ese territorio semiautonómo chino que probablemente muy pronto dejara de serlo.


No justifico a Lucy ni mucho menos al gobierno de Beijing. Entiendo ambas posturas. Como se sabe, lo que busca la nueva ley de seguridad es neutralizar las amenazas de los líderes locales y extranjeros que, dicho sea de paso, tienen sus orígenes en las protestas del 2014 con el movimiento llamado por occidente la Revolución de los Paraguas que, en ese momento, pretendía revertir la reforma al sistema electoral del Congreso Nacional del Pueblo. Conviene recordar que desde entonces han tenido un gran activismo y que lograron detener recientemente la ley que pretendía extraditar a China continental a algunos presos detenidos en Hong Kong. Su activismo, a los ojos de Beijing, constituye una seria amenaza a la paz y estabilidad del país.


En esta historia, no obstante, me temo que no hay malos ni buenos. Lo mismo sucede con Corea del Norte y Occidente cuando este país pretende desestabilizar la región y el mundo a través de sus amenazas nucleares y ensayos con sus misiles tierra-aire sobre el Mar de Japón. No es un secreto que China apoya a Corea del Norte por razones estratégicas.


De alguna manera, esto podría explicar lo que acontece en Hong Kong. Es decir, nos encontramos ante un juego de suma cero entre China y algunos actores de Occidente. Sin embargo, esta apreciación quedaría incompleta si no consideramos, además, los cambios vertiginosos de los últimos años en el terreno geopolítico, geoeconómico y geoestratégico producto del crecimiento de las capacidades del poderío e influenza económica y militar de China en la región y el mundo. El programa de la Franja y la Ruta o la Nueva Ruta de la Seda son ejemplos importantes de ello.

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