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El mar del sur de China

EU acusa a Beijing de violar los derechos humanos en la región autónoma Uigur de Sinkiang

Foto por infobae


Las disputas territoriales entre varios países en Asia no son una novedad, el legado de la Segunda Guerra Mundial y del posterior proceso de descolonización de una gran cantidad de naciones de Asia son el telón de fondo de dicha problemática. El caso de la zona conocida como el mar del sur de China se trata de una serie de reivindicaciones de archipiélagos e islotes por parte de la República Popular de China, Taiwán, Vietnam, Filipinas, Malasia y Brunéi. El asunto se complica por la intención de China de convertir la zona en disputa en sus aguas territoriales, que le daría un amplio control sobre las rutas comerciales internacionales que pasan por la región y una gran cantidad de recursos naturales. Es decir, la dimensión geopolítica adquiere características geoeconómicas


El asunto ya se llevó a foros internacionales en 2016, cuando al igual que en el año 2013, se le dio la razón a Filipinas; la Corte Permanente de la Haya falló contra China por no haber encontrado “base legal” en sus argumentos. Beijing rechazó el veredicto porque no consideró elementos históricos. La discrepancia entre China y los países con los que mantiene disputas es más compleja, en el caso de Filipinas, que tiene desde 1950 un Tratado de Defensa Mutua con Estados Unidos.


El asunto se complica más por otros factores que podrían incrementar las tensiones entre los países afectados y China. El panorama es sombrío por el cambio de narrativa del gobierno de Estados Unidos sobre temas, además de la ley de Seguridad de Hong Kong, como la acusación hacia Beijing, de violar los derechos humanos en la región autónoma Uigur de Sinkiang con la instalación de campos de reconversión.

 Según Amnistía Internacional (2020), “desde el año de 2017, se ha intensificado la campaña gubernamental de internamiento masivo, vigilancia intrusiva, adoctrinamiento político y asimilación cultural forzada contra las personas de etnias uigur y kazaja y los miembros de otros grupos étnicos, en su mayoría musulmanes, de la provincia de Sinkiang, en el noroeste de China”.


Los resultados de estas diferencias están a la vista. Ya se habla de una “segunda Guerra Fría”. Tanto Estados Unidos como China han comenzado con sancionar a ciertos funcionarios públicos de ambos países; los británicos han prohibido a los chinos participar en la implementación  de la tecnología 5G en su territorio.

Habrá que vigilar la evolución de estos enfrentamientos, que estarán en el mapa de los conflictos internacionales en los próximos meses y sin duda aflorarán cuando México ocupe un asiento no permanente en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para el periodo 2021-2022. Esto será un gran reto, ya que a los chinos les desagrada que se opine de sus temas domésticos y, en su caso, dejan sentir con rigor su diplomacia (del yuan), ahora conocida como la de “cubrebocas”, insertada en su esquema de cooperación global “La Franja y la Ruta”. 





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