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El COVID-19 y la (nueva) diplomacia económica en Asia

Es buen momento para establecer una estrategia agresiva para la reapertura de México a la economía internacional

Para los japoneses, las crisis representan oportunidades. En cambio, a nosotros nos pasman y nos hacen caer en la inacción, más aún cuando se trata de un tema de vida o muerte como el COVID-19. Pero lamentarse no ayudará a salir de una crisis sanitaria global que afecta prácticamente todos los aspectos de nuestras vidas. La economí­a, especialmente la internacional, no escapa de esta lógica y un efecto inmediato es la ruptura de gran cantidad de cadenas productivas, la parálisis en casi todas las ramas económicas y, por tanto, una contracción de los mercados mundiales, especialmente los de Asia, tan importantes en el dinamismo de las relaciones económicas internacionales de los últimos años. 


Se avizora una etapa complicada, pues la estructura económica internacional deberá replantear sus esquemas productivos y evitar caer en los problemas de abastecimiento que acarreó el COVID-19. 


México tendrá que regresar a las reglas básicas del comercio global para explotar sus ventajas absolutas, en el contexto de nuestras capacidades geoeconómicas. Además, deberá maximizar y potencializar su red de Tratados de Libre Comercio (TLCAs), como el CPTPP en el caso de Asia, que serán fundamentales para reactivar nuestros mercados externos, pero no lo suficiente por sí solos.


Es indispensable, además de la inteligencia de mercados, contar con operadores comerciales para desarrollar y cerrar negocios con nuestros principales socios, como China, Corea y Japón, y atraer Inversión Extranjera Directa (IED) de esas industrias que busquen minimizar riesgos por cuestión de localización. 


Es muy probable que gran cantidad de empresas basadas en Asia busquen establecerse en alguno de los países miembros del T-MEC.


Pero hay que buscar a esos inversionistas. La venta de productos tradicionales al Asia no bastará para la recuperación económica del paí­s. Es menester recuperar los empleos perdidos por la crisis del COVID-19 y para ello no hay muchas opciones. El endeudamiento no es viable, según la óptica de la 4T. Entonces la opción es buscar esos recursos en el exterior. Es urgente, pues, que la Cancillerí­a y la Secretarí­a de Economía, junto con los estados y municipios susceptibles a recibir dicha inversión extranjera, establezcan una hoja de ruta para seleccionar los sectores e industrias sobre las se enfocarán. Es probable que las unidades de inteligencia económica y comercial de ambas dependencias ya tengan ese diagnóstico, lo que simplificará más alinear objetivos y ejecutar estrategias.


Además, y para establecer un mayor grado de sofisticación y seguridad de esas futuras inversiones en México, es recomendable establecer políticas públicas que permitan la coinversión con capitales nacionales, es decir, establecer el mejor marco legal para que los empresarios mexicanos o, en su caso, el gobierno deMéxico,puedan tener participación accionaria en proyectos que darían al paí­s alta especialización, transferencia de conocimiento (know how) y capitalización. Esto deberá ser acompañado de una polí­tica nacional que asegure las mejores condiciones de aterrizaje de dicha inversión. Es un buen momento para establecer una estrategia agresiva para la reapertura de México a la economí­a internacional, de lo contrarí­o, otros lo harán. 


El T-MEC entrará en vigor el 1 de julio de este año y eso pone a nuestro paí­s en los ojos de muchas empresas e industrias que buscarán sacar provecho de este importante instrumento comercial. 

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© 2020 Dr. Adolfo Laborde Carranco