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Japón y la infraestructura en México

Actualizado: 28 de nov de 2019


La colaboración debería transitar a esquemas más complejos


Hoy más que nunca México debe voltear hacia los esquemas de cooperación internacional para el desarrollo que mantiene con potencias en el ramo. No hace falta profundizar la situación que atraviesa nuestro país, ni en el Plan Nacional de Infraestructura presentado por el Presidente y una parte del sector empresarial. En situaciones y coyunturas como las actuales, hay que aprovechar todos los recursos a nuestro alcance. Independientemente que México sea considerado por la OCDE un país con ingreso medio, que lo aleja de los principales flujos de Asistencia Oficial para el Desarrollo (AOD) ofrecidos por los países más desarrollados; puede profundizar en esquemas multilaterales con organismos, como el Banco Mundial o el Banco Interamericano de Desarrollo, con proyectos de infraestructura, o bien, activar y profundizar los esquemas bilaterales como el existente, a través de la Agencia Japonesa de Cooperación Internacional (JICA) que de acuerdo con su director, Hitoshi Matsumoto, se sustenta en tres pilares: promoción de industria; cooperación sur-sur y la proposición de proyectos de asociación público-privados.


En la actualidad, dijo el director de JICA, hay dos proyectos de cooperación concentrados en la industria automotriz, dada la fortaleza de México en el sector, la expansión de empresas japonesas del ramo y de la industria del soporte como las de tipo TIER 1, 2 o 3. Uno de los proyectos es con el Conalep, para entrenar a técnicos para integrarse mediante metodologías japonesas. Otro sector donde se ha hecho investigación y dado la colaboración es la prevención de desastres naturales.


Además, según Matsumoto, hay espacio para asistir en las áreas de bienestar y salud para mejorar las condiciones de vida de adultos mayores. Independientemente que JICA sea el ejecutor de la cooperación, el ministerio de Asuntos Exteriores de Japón es quien decide las áreas de contribución. Según Matsumoto, México tiene la capacidad para dar cooperación a otros países, incluida en los esquemas existentes entre México y Japón. El gobierno actual (4T) tiene planteado con Japón cooperar para mitigar los flujos migratorios de Centroamérica, especialmente en El Salvador y Honduras. Aunque aún no inicia, en El Salvador se plantea trabajar con México en la producción e investigación de ajonjolí.


La cooperación con Japón, que lleva más de 45 años, podría ir más allá de estos modestos esquemas. Es aquí donde los grandes proyectos de infraestructura podrían entrar en la colaboración internacional y complementar los ya anunciados y los que se darán en el sector energético en 2020. La colaboración debería transitar a esquemas más complejos donde entre el financiamiento blando del Banco de Cooperación Internacional de Japón (JBIC). Pero esta iniciativa tendría que originarse en México. La combinación de recursos reactivaría el rubro de la construcción.


La cuestión es si México considera usar la cooperación internacional como complemento al desarrollo, como los proyectos público-privados donde las empresas japonesas (Sogo Sosha) ya tienen experiencia en generación de electricidad, potabilización de agua y energéticos). En caso de que se decida por ampliar la contribución con Japón, la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Amexcid) tendrá una tarea titánica, cuando muchos mexicanos no saben exactamente qué hace.

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